De Drones y Drogones - Por El Turco A Secas
De Drones y Drogones
El frío del invierno no le impidió continuar con su ritual, eran entre tres y cuatro botellas por día.
En más de una oportunidad le habían aconsejado que se detenga, que le iba a hacer mal, pero él seguía con el mismo vicio decadente.
En algunas oportunidades se lo veía por la madrugada escarbando las bolsas de basura en busca de una botella más. De una tapa más.
Hasta el almacenero de la esquina le negó en más de una ocasión la bebida tan preciada.
Abría cada botella con la misma sensación de intriga y emoción que la primera vez.
Su mano, callada.
Lleno de esperanza visualizaba el gaseoso líquido negro en su interior, quitaba la etiqueta roja y trataba de “espiar” pero le era imposible.
Los que lo conocen aseguran que el sabor no era lo que le gustaba y que hasta volcaba su contenido para ir en busca de otra.
De otra tapa; de otra oportunidad.
El frío del invierno no le impidió continuar con su ritual, eran entre tres y cuatro botellas por día.
En más de una oportunidad le habían aconsejado que se detenga, que le iba a hacer mal, pero él seguía con el mismo vicio decadente.
En algunas oportunidades se lo veía por la madrugada escarbando las bolsas de basura en busca de una botella más. De una tapa más.
Hasta el almacenero de la esquina le negó en más de una ocasión la bebida tan preciada.
Abría cada botella con la misma sensación de intriga y emoción que la primera vez.
Su mano, callada.
Lleno de esperanza visualizaba el gaseoso líquido negro en su interior, quitaba la etiqueta roja y trataba de “espiar” pero le era imposible.
Los que lo conocen aseguran que el sabor no era lo que le gustaba y que hasta volcaba su contenido para ir en busca de otra.
De otra tapa; de otra oportunidad.
El Turco A Secas
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